Crónica de una deuda anunciada – parte 1

En 1975 Argentina era un país muy poco endeudado con el resto del mundo, la deuda externa era equivalente al 15% del Producto Bruto Interno (PBI), un indicador que mide la riqueza generada por una economía en el término de un año. Hoy, la deuda externa representa casi el 100% del PBI. ¿Qué pasó en estos 46 años? Tres grandes procesos de endeudamiento.

*Por Gerardo De Santis, economista, docente universitario, director del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (UNLP), y Rocío Alcántara, integrante del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (UNLP).

¿Notaron que cuando alguien quiere explicar la “economía fácil” comienza con un ejemplo comparando al Estado con una granja de caballos o vacas, el hogar que administra una persona “x” o hasta un pelotero?

Bueno, sospechemos, porque además de no contemplar las especificidades y tener varios problemas conceptuales, esas metáforas alejan la discusión del plano de lo real y, en general, están orientadas a demostrar argumentos que tienen una dimensión ideológica latente, aunque no se las cuenten en la historia. 

En esta nota nos referimos a la deuda externa Argentina, sin figuras extrañas ni personajes de caricaturas, veremos cómo con nombrar cada cosa por su nombre y de manera simple, la economía se entiende porque atraviesa nuestra realidad social.

Pondremos en contexto, desde nuestra perspectiva, el problema del endeudamiento argentino con el resto del mundo, para que al menos, la próxima vez que miremos las noticias económicas, analicemos lo que no nos están diciendo.

El comienzo de la gran deuda

En 1975 Argentina era un país muy poco endeudado con el resto del mundo, la deuda externa era equivalente al 15% del Producto Bruto Interno (PBI), un indicador que mide la riqueza generada por una economía en el término de un año. Hoy, la deuda externa representa casi el 100% del PBI. ¿Qué pasó en estos 46 años? Tres grandes procesos de endeudamiento.

El primero se desarrolla en la segunda mitad de la década del ’70. El golpe de Estado de 1976,​ con la toma del poder de la Junta Militar, implicó el inicio de un régimen de terrorismo de Estado y violaciones sistemáticas de los derechos humanos, pero también la consolidación de un modelo económico corporativo y fundamentalmente neoliberal.

En el período de la dictadura, la deuda externa aumentó de 8 mil millones de dólares a 45 mil millones de dólares, debido a la implementación de una política monetaria basada en lo que se conoce como enfoque monetario de la balanza de pagos. Es decir, desregular los mercados y esperar a que los precios de los bienes y servicios nacionales se equiparen -por las fuerzas de la oferta, la demanda y la competencia- a los internacionales, lo que supone también que la inflación del país sería equivalente a la del resto del mundo.

Para ello, se estableció un tipo de cambio fijo (el precio del dólar en pesos) con la “tablita” de Martínez de Hoz, entonces ministro de economía, que anunciaba cuánto valdría el dólar en los próximos 180 días.

Esta medida funcionaba, decían, para darle certeza a los mercados, pero en realidad servía a los especuladores, convirtiéndose en una política fundamental para la primera etapa de lo que se conoce vulgarmente como “bicicleta financiera”. Entonces, se sabía la tasa de variación del precio del dólar a futuro y la tasa de interés que rendían los pesos en el sistema financiero argentino. 

Con esa información para cualquier especulador la cuenta era simple: se endeudaban con el resto del mundo (en dólares) y lo convertían a la moneda doméstica (pesos) al tipo de cambio de la fecha. Sabían cuánto obtendrían por un plazo fijo en pesos a 180 días y cuál sería la tasa de variación del dólar durante ese período, gracias a la “tablita”. Si la tasa de interés externa (por la deuda en dólares) más la tasa de variación del dólar era menor (y fue mucho menor) que la tasa de interés en pesos por el plazo fijo, el negocio financiero quedaba garantizado.

La especulación financiera de aquel momento es uno de los principales motivos de endeudamiento del Estado, junto al armamentismo y a las estatizaciones de deuda privada.

Esto último consistió en una transferencia de deuda externa del sector privado al público, es decir, el Estado tomó la deuda de empresarios/as (algunos actores políticos actuales muy conocidos y otro montón de grandes empresarios), que estaban endeudados con acreedores del resto del mundo en dólares y, en su lugar, pasaron a deberle al sector público en pesos y a tasas bajas, que con la inflación se volvieron significativamente menores. La deuda con el resto del mundo quedó en manos del Estado y todavía hoy la seguimos pagando.

La deuda durante la democracia

En la década del ’80 se produce un cambio en la política monetaria de Estados Unidos. El Partido Republicano ganó las elecciones e implementó una política monetaria restrictiva, que implicó el aumento de la tasa de interés de la deuda externa que adquirió la dictadura argentina.

Entonces, no es que durante 1984 a 1989 el gobierno de Alfonsín contrajera deuda, sino que el problema era la magnitud de lo que Argentina debía y la tasa tan alta que provocaba intereses anuales importantes, que como no se podían pagar en su totalidad, se acumulaban como más deuda.

Esa década es conocida en América Latina como la “década perdida”, porque el peso de la deuda para todos los países de la región (a esa tasa de interés tan alta) fue un condicionante contundente para que el desempeño económico de varios países terminara en crisis. En nuestro caso, con la hiperinflación del 89/90.

En la década del ’90 la política monetaria de Estado Unidos cambia y la situación internacional vuelve a un exceso de liquidez, con una gran oferta de dinero o capitales de préstamo, la tasa de interés baja, lo que posibilita un nuevo período de endeudamiento para nuestro país con los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, cuya política económica continúa la consolidación del proyecto neoliberal. Se podría decir que existió una sensación de que sobraban dólares, de que estábamos entrando al primer mundo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la economía estaba consumiendo ahorros pasados, que la sociedad argentina había acumulado recursos en empresas públicas durante décadas, por ejemplo vía infraestructura, desarrollo tecnológico, formación de recursos humanos, etc. Empresas públicas que luego fueron vendidas en condiciones desfavorables y solo con el objetivo de financiar el modelo económico del proyecto neoliberal. 

Además, con ese fin se comprometía también el ahorro futuro, porque también se recurrió al endeudamiento, lo que significa consumir hoy lo que habrá que ahorrar en el futuro para poder pagar. Por ello, la década del ’90 tiene una falsa sensación de bienestar, porque se gastan en ese período ahorros pasados y futuros. 

Hasta que, lógicamente, dejamos de recibir financiamiento externo y las deudas no se pudieron pagar. Así llegamos a la crisis del 2001, donde Argentina no puede pagar, cae en cesación de pagos y atraviesa la peor crisis económica, social y productiva de su historia.

Desendeudamiento y buitres

A partir de 2003 con los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se inicia un proceso de negociación con los acreedores para insertar a la Argentina en el mundo y se comienza a desendeudar nuestra economía.

En los canjes de 2005 y 2010 se acordó con alrededor del 92% de los acreedores, con una quita importante del valor nominal del capital adeudado, que se puede entender como el valor de los títulos de deuda. En 2005 también, con reservas del Banco Central, se saldó la deuda de 10 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI).   

El porcentaje restante que no aceptó ninguna de las propuestas son los llamados “fondos buitre”, nombre que reciben porque adquieren títulos de deuda como práctica especulativa, debido a que presionan para cobrar el total de lo adeudado (más punitorios, sanciones y demás), mediante juicio.

En 2014 el juez Thomas Griesa emitió un fallo desde Nueva York en favor de los fondos buitre, ordenando que Argentina pagara todo lo reclamado.

Sin embargo, se presentaba otro problema debido a las cláusulas de negociación de los canjes de 2005 y 2010, que establecían que si Argentina le pagaba más a otro acreedor, todos los que habían aceptado quitas importantes tenían derecho a cobrar como quien había conseguido mejores condiciones, y eso vencía recién en 2015.

Para 2015 casi la totalidad de esa deuda estaba resuelta, incluso se arregló la con el Club de París a finales de año, quedando pendiente el fallo Griesa que seguía en discusión.

En 2016, una de las primeras acciones del gobierno de Mauricio Macri fue tomar deuda para pagar lo que la sentencia de Griesa establecía, provocando que esos acreedores obtuvieran ganancias exorbitantes. Lo que se deben estar preguntando es, ¿por qué se discute en Estados Unidos la deuda argentina?

La respuesta también la encontramos en los primeros dos períodos de fuerte endeudamiento mencionados, en la dictadura y fundamentalmente en la década del ’90, donde Argentina cedió jurisprudencia en temas de deuda externa y en inversión privada. 

A principios de los ’90, Argentina se incorpora al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), organismo del Banco Mundial que se encarga de arbitrar litigios entre gobiernos e inversores privados (empresas, inversores, multinacionales, etc.), que después de transitar la jurisdicción nacional, las empresas privadas tienen derecho a continuar el juicio en el CIADI, donde generalmente los países periféricos pierden.

Se cedió la jurisdicción judicial porque cuando el país emite bonos de deuda, títulos, pagaré, etc., se incorpora una cláusula para quien lo compra que establece que cualquier problema legal se resuelve en los tribunales de Nueva York o Europa.

El tercer período de endeudamiento se desarrolla durante el gobierno de Mauricio Macri, entre 2016 y 2017, donde la deuda neta creció en 85 mil millones de dólares, contrario del discurso que afirma que se tomó deuda para pagar deuda anterior.

*Leer la segunda parte en: CRÓNICA DE UNA DEUDA ANUNCIADA – PARTE 2*

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