Atravesar las fronteras del idioma, del territorio y del tiempo

En el marco del estreno en Argentina de la película La casa de los conejos de la directora Valeria Selinger, entrevistamos a Laura Alcoba, autora de la novela homónima escrita originalmente en francés en 2007 bajo el título Manèges: Petite histoire argentine. Una historia que retrata los años más oscuros de la Argentina durante la última dictadura militar, desde la mirada de una niña de siete años. En esta entrevista, Alcoba recorre su propio proceso de escritura, sus autores de referencia y el impacto de su obra.

*Por Josefina Mazzoleni, Licenciada en Comunicación Social.
*Ilustración: Magia Linyera para Alta Trama.

«Mi padre y mi madre esconden ahí arriba periódicos y armas, pero yo no debo decir nada. La gente no sabe que a nosotros, sólo a nosotros, nos han forzado a entrar en guerra. No lo entenderían. No por el momento, al menos», narra en 1975 una niña de unos siete años que vive con su madre en La Plata, quien tiene pedido de captura.

Laura Alcoba es escritora, traductora y docente. Si bien nació en Argentina, vive en Francia desde muy pequeña. La casa de los conejos, novela escrita en 2007 que acaba de ser adaptada a su versión de largometraje, dio comienzo a una trilogía publicada en nuestro país compuesta por también por  El azul de las abejas (2015) y La danza de la araña (2017).

Su literatura logra atravesar las fronteras del idioma, del territorio y del tiempo. En esta entrevista, recorre su propio proceso de escritura, sus autores de referencia y el impacto de su obra.

Leí sobre tu reconocimiento a la lengua francesa como forma de permitirte contar la historia de La casa de los conejos.  ¿Cómo se da la elección del francés como lengua literaria?  ¿Por qué creés que esa distancia con la lengua materna te sirvió?

La elección de la lengua francesa como lengua literaria fue algo espontáneo, no fue el resultado de una reflexión o de una decisión. Llegué a Francia con diez años, lo extraño hubiera sido lo contrario. Pero no obstante, cuando terminé Manèges, que se tradujo como La casa de los conejos, sentí algo muy particular porque durante ese proceso, el trabajo de escritura me había conectado con mi lengua materna y con emociones grabadas en mí en castellano y que las había trabajado en francés. 

Es algo de lo que tomé conciencia cuando llegué a Argentina en el momento de la publicación de Manèges en castellano, y  todo el mundo lo recibió como un libro argentino, por el tema y por el contenido. Pero para mí no era tan evidente que fuese un libro argentino, hasta tal punto que se publicó en Edhasa en la colección de lomo azul que es la Colección de literatura latinoamericana. 

¿Qué sentiste al darte cuenta que el libro se veía de esa manera?

Percibir todo esto me ayudó a reflexionar más sobre la idea que de cierto modo había escrito un libro argentino en francés y por la recepción de los lectores, aquellos que reconocían algo que habían vivido, ya que mucha gente vino a verme en Argentina en 2008 diciendo algo así como que habían vivido algo similar pero todavía no lo habían podido formular. 

Y a partir de ahí pensé que el francés quizá me había ayudado a escribir ese libro porque para un niño, vivir la experiencia de la clandestinidad en el momento en que entra en el lenguaje y tener que aprender a callar, a no decir, es algo difícil de desprenderse. Yo constantemente tenía miedo de hablar, por lo tanto hay algo de lo que es muy difícil salir, muy largo, a mi me costó mucho contar esa historia aun en otro idioma. 

Tardé mucho, mi primer libro lo escribí tarde porque todavía tenía trabas emocionales muy fuertes. Creo que El azul de las abejas de cierto modo es una respuesta literaria a esta misma pregunta.

¿En qué libros buscás/encontrás inspiración? ¿Hay algunos títulos particulares a los que recurriste en el proceso de escritura de la trilogía?

Es difícil dar uno o dos títulos, yo leo constantemente y los libros me acompañan constantemente en la escritura también. En Manèges cito a Poe, y en el epígrafe a Nerval.  En el mes de enero voy a publicar un libro en Gallimard que se titula « Par la forêt », donde Nerval tiene su lugar.  Gérard de Nerval es un autor francés del siglo XIX, fue uno de los primeros en trabajar de manera diferente sobre la memoria, de hecho hay una obra suya que se llama Sylvie que fue una de las fuentes de inspiración de Marcel Proust en su libro En busca del tiempo perdido

¿Cómo impactó en tu escritura?

Gérard de Nerval ocupa un lugar muy particular para mí porque para él la frontera entre pasado y presente es algo bastante dudoso, a veces el pasado surge de manera tan fuerte que se vuelve presente. Hay momentos en Sylvie de Nerval en que no se sabe muy bien si el narrador está contando algo que ocurrió, algo que está ocurriendo o algo que imagina podría ocurrir. Es un autor que me fascina y tengo una especie de devoción por él.

El epígrafe que aparece en La casa de los conejos es de Nerval y es exactamente eso: Un souvenir, mon ami. Nous ne vivons qu’en avant ou en arrière  (“Un recuerdo, amigo mío, solo vivimos antes o después”). Vivir hacia adelante, vivir hacia atrás, finalmente el presente está como encajado entre lo que es el pasado y lo que es la proyección.  Es un autor al que vuelvo mucho. Después entre los autores más contemporáneos está Annie Ernaux, gran escritora francesa que tiene una gran importancia para mí.

¿Qué pensás de la idea de la difusión de tu literatura? ¿Cómo recibís el hecho de que tu obra se lea en carreras universitarias en Argentina?

Me emociona mucho que mis libros hayan encontrado ese lugar, siempre contesto cuando hay estudiantes que me escriben porque están haciendo una tesis o algún trabajo. Me cuesta más leer los trabajos que me envían porque mi escritura está en marcha todavía, con la dificultad que es siempre escribir. 

Siempre lo que me preocupa es el libro que estoy escribiendo o el que quisiera escribir, por lo tanto digamos que me cuesta más el hecho de leer sobre mi literatura como si fuera algo fijo, algo ya interrumpido.

¿Cómo se articula tu profesión de docente con la de escritora al momento de desarrollar tus obras?

Acerca de mi carrera docente, no es evidente conjugar las dos actividades, de hecho es algo sobre lo que estoy reflexionando mucho en este momento. Sé que hay una conexión. Cuando escribí La casa de los conejos estaba dando una clase sobre El Lazarillo de Tormes, el texto anónimo español del siglo XVI, que en realidad es una larga carta a una persona cuya identidad es bastante borrosa. Y yo escribí La casa de los conejos como una larga carta y luego pensé que quizá me había influenciado esa lectura. 

Pero más allá de esa conexión, no es fácil y para mi son dos actividades totalmente separadas, me cuesta mucho que me inviten a la universidad como docente y como escritora al mismo tiempo. Me gustaría poder conciliar las dos actividades pero la actividad docente requiere mucho tiempo y se que me falta tiempo para la escritura que es importante para mí. Tal vez podría hacerlo dedicándome a una actividad que tenga que ver más con la creación en la universidad, pero no es fácil.

¿Qué significó para vos la adaptación cinematográfica de La casa de los conejos? ¿Cuál fue tu rol?

Acerca de la adaptación al cine de Valeria Selinger, ella entró en contacto conmigo hace muchos años para decirme que quería adaptar La casa de los conejos. Su primer pedido fue si yo quería escribir el guión con ella y yo le dije que no por muchas razones. Pero al mismo tiempo, le dije que estaba dispuesta a hablar con ella, a charlar, a dar mi opinión y fue así como se hizo la película, yo me mantuve cerca y lejos. 

Es decir que no participé activamente pero cuando Valeria necesitaba hablar o charlar y cuando a ella le parecía necesario, podíamos juntarnos. Ella vivía en París y por lo tanto pudimos mantener este contacto a lo largo de su trabajo. Admiro mucho la constancia de Valeria, su energía. Terminó la película en el 2020, el peor momento para el cine por la interrupción mundial. El estreno de la película en Argentina me parece extraordinario, aun no se estrenó aquí en Francia.

¿Cómo percibís esa apertura de tu obra hacia otro formato?

La película para mi tiene sus momentos más logrados en aquellos en los que Valeria se alejó del libro, en todo caso son los que más me sorprendieron. Yo le había dicho que tenía que sentirse libre porque había que hacer pasar el libro a otro lenguaje y, por lo tanto, tenía que hacer su propia casa de los conejos y creo que es lo que hizo con este largometraje.

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